Solo lo que es verdadero.

Cada segundo se sublima y es esta la forma que adopta el infinito. Cada palabra se disgrega y flota humeante, un rato, y se mezcla entre nosotros, se mete en tu boca y te seca los labios. En tanto visto desde la copa del árbol los dos cuerpos se superponen en una cadena de incontables mímicas. Uno alza la mano, el otro le sostiene el antebrazo y se desliza hasta estar palma con palma, dedos entrelazados.

Hoy soy libre de mí, sigo siendo libre de vos y eso es bueno. No te imaginé cuando me fundía con las sábanas y eso fue mejor.

Hace días que una parte se encontró pero el resto continúa inerte, desperdigado, y aunque voy de a poco reparando los jirones un gusto a sueño invade casi la totalidad de las bocanadas de aire que me nutren. Es bueno, una vez al año, rendirse.

Dejarse rendir, dejarse vivir, dejarse todo. Dejate todo, mañana lo acomodás. Dejate tu mente, dejate por favor tu corazón así, hecho un bollo, pegado al mío. Olvidate que mañana en una de esas podemos llegar a existir.

Si el incendio apremia que venga del sexo y mi vulnerabilidad por los besos en la nuca, que las cortinas están cerradas, que querés ser feliz.

Y quiero, te quiero, mínimo...
Ver una vez más.

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