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Mostrando entradas de septiembre, 2012

Reciprocidades.

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Hoy parece que todo está puesto para mi asombro. Se ve a lo lejos su mano dándo vuelta páginas amarillentas que combinan con sus uñas color perla, y sus labios y su ceño se fruncen pero no pierde su aura de mujer atenta. Y yo la observo, y parece que ella se está dando cuenta. Se acomoda el pelo para que la vea mejor, ama ser adorada. ¿Y cómo si no? Es bien merecido. Mi cerebro se oxigena y las cosas que tenía para decir se perdieron en mi sien. Se abre paso entre las nubes un rayo débil de sol que va a parar directamente a pocos metros de ella y deja en evidencia que no soy el único que la está observando, perplejo.

¿Qué historias estará leyendo? Quizás sea ese tipo de libros de auto-complacencia que la ayudan a sostener su ego, o sólo sean historias que la hacen volar más allá de este mundo, y de mí. Un dejo de recelo inexplicable me infunde, pues está bien en claro que jamás será propiedad de alguien excepto del universo. Maldita inmensidad.

Cerró el libro. Mi corazón dio un salto.…

Hoy conmigo.

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Y me preguntás cuánto de vos me voy a llevar el día que tenga que irme, y no te pude contestar. Ya no sé si quiero hacer este "viaje" solo, pero no puedo tampoco obligarte a acompañarme. Quizás, si solo me lo pidieras. La única verdad es que las verdades se me han ido cayendo de a poco como arena de las manos y ya sólo me queda una y es la que vos conocés. No voy a negar que yo también conozco la tuya, y ya sé que no es cuestión de tiempo sino de voluntad. No se puede seguir esperando algo que ya ha llegado. ¿Para qué perdernos de lo que está hecho para ganarse, sólo por el MIEDO? Sin embargo, ante mi mismísimo enemigo perezco pues siempre resulta ser más fuerte que yo. 
Y de esas verdades de las que tanto hablo, definitivamente una, es que te extraño.

Días para enloquecer.

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Lo que deja la lluvia en mí, si pudiera expresarlo de alguna forma empírica lo haría. No sé por qué me gusta tanto. En realidad, sólo me gusta cuando comparto alguna de sus gotas con vos, aunque sólo sea por unos minutos.


No alarms and no surprises.

Enredado de nuevo, sin saber qué hacer. Si tuvieras una mínima, despreciable idea de lo que tu silencio y tu distancia me frenan. Yo sé que depende de mí, no puedo esperar lo mismo de vos pero quizás una mirada tuya hacia mí, como para dejarme tranquilo de que sabés que ahí estoy, podría llegar a ser lo mejor de mi día.

Destinos asimétricos.

No había nada más que pudiera darle a Anne, tanto ella como yo estábamos condenados a caminar juntos, pero separados por una pared. Sin embargo, por una vez, sentados al costado de la carretera mientras todo a nuestro alrededor se derrumbaba entendí que si no era ella no era nadie, pues me habían envuelto la soledad en un regalo, y yo mismo lo abrí como una caja de Pandora. ¿Pero, este era el fin de esa soledad? Era cómodo, por que es lo único que conozco.
-¿Qué quieres de mí Anne? Hemos estado caminando en línea recta por días y ni sabemos dónde estamos yendo- Le dije, saliendo de mi ensimismamiento.
-Me prometiste una aventura Frank, no me digas ahora que tienes miedo- Dijo.
-No estás en la exacta posición para hablarme del miedo. Dejaste Francia para seguir temiendo, pero para dejar de hacerlo por tu cuenta.-Dije
-Siempre crees que conoces todo, que conoces cómo me siento, qué es lo que quiero, qué es lo que me gusta y qué es lo que no. En realidad me conoces muy poco.
-Dime entonc…

Vaho de Septiembre

-Dame tu mano, bueno... lo que queda de tus manos.-Dijo.
-No seas cruel, es el frío. Mirá, tengo los dedos congelados.-Respondí. -Eh, tampoco es que hacen veinte grados bajo cero- Dijo. -No, no los hacen, pero los siento- Respondí. -No estoy entendiendo- Dijo. -Dejá, no importa- Respondí. -Mm, seguís con esa manía de hacerte el misterioso-Dijo. -¿De hacerme el misterioso? Vos no estás entendiendo nada- Respondí. -¿Qué pretendés que entienda?-Preguntó. -Que así duele menos, ¿Entendés?-Respondí. -¿Qué es lo que tanto te duele?-Preguntó. -No creo que quieras saberlo, ni yo sé si quiero que lo sepas- Respondí. -Uh, no tenés remedio. Hay veces que no te banco-Dijo. -Siempre podés irte, tenés dos pies-Respondí -Yo no me voy de acá hasta no sacarte una respuesta-Dijo -Lo que pasa es que ya te la dije-Respondí -Si no te amara tanto, te mandaría a la mierda-Dijo -No, no digas que me amás. Basta, ¿podrías terminar con las palabras ambivalentes?, si vas a decir algo decilo como en realidad es. D…

Sí menor y algo de miel.

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Sonaban campanas en su cabeza y vestigios de algunas notas desgarradoras que se difundían al salir de las cuerdas. Pero todo lo que tocaba era oro, y si la memoria no me falla como suele hacerlo, había algo desgarrador también en su voz. Cantaba: 
mi camino es un puente sostenido por dos pilares,  un pasado y un futuro,  pero ambos parecen juntarse cuando es oportuno olvidarse un rato,  olvidarse de vos. 
Y ahí con sigilo me pierdo, y me escondo, escondido todo es más fácil,  todo duele un poco menos.


¿Qué es lo que buscaba aquel cantor? ¿A quién había perdido? Dígame, por que parece ser que la tarde lo maltrata señor. Y él contestaba cantando:
Los sueños los arrebató esa persona, y no pude hacer más que dejarla ir, fue cuando el reloj se congeló, y en horas perdidas me adormeció.
Yo también pasé mi vida durmiendo, desperté hace sólo un par de meses. Lo comprendo cantor, lo comprendo bien, présteme la guitarra, déjeme tocarle una canción. Y canté:
Que los sueños se volvieron espejism…

Hookah.

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- ¿Para qué perdernos en palabras? Si en realidad estamos acá, y ahora. Un presente que está ligado al pasado pero que podemos olvidar si queremos. Fuimos hasta la luna y volvimos a la Tierra  tantas veces que ya podemos recorrer el camino con los ojos cerrados. ¿Qué nos queda cuando parece que nada queda? Nos quedan estos domingos, y quedamos vos y yo. Nos quedan carreteras que recorrer y hojas que escribir, horas que llenar hasta que rebalsen de nosotros, y al final, recostarnos al costado de la ruta para ver cómo las montañas se van comiendo al sol.
La noche no es tan fría cuando estoy con vos.
Te miro un segundo mirar, mirás algo, mirás todo, luego me mirás a mí. Entreabrís la boca, pero no me decís nada. ¿Qué querés que entienda? A veces veo mi vida en momentos entrecortados  y volando con el viento, así de fugaces son mis minutos. Perseguime, y me vas a encontrar. Necesito un poco de vos en esto.
Necesito de mí con vos.