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Mostrando entradas de junio, 2014
Trizada me mirás, sos neblina que se difumina en un aleteo palpebral, y te envolvés con el manto oscuro nocturno para que los demás no te vean lanzar la última llamarada. Rendición precoz, voluntad de azafrán que miente para decir la verdad. 
¿Por qué es que pensás que en tu mundo hay mundos que yo no entiendo? Tu resiliencia es puramente virtual. Sé que sabés que en algún momento vamos a quedar los dos espalda con espalda mirando hacia las salidas opuestas de un túnel cerrado. Y ahí vas a saber mejor que nadie lo importante que es saber frenar, y mirarte en los espejos rotos del sueño, porque yo estoy inevitablemente en vos y no pienso salir.
No al menos hasta que brote de algún lado de tu cuerpo algo humano.

Mil veces.

Esta vez fue más intenso, y más rápido.
Esta vez fue infecciosamente más contundente y preciso.
Esta vez me repetiste el himno perdido y roto de los días que prefieren regresar.
Como cuando uno se despide de su tierra con la promesa de que volverá para ver crecer nenúfares donde solía frecuentar la aridez.

Y SOMOS SUEÑOS. Fuimos entes despiertos que en algún impulso se echaron a dormir, para ver lo que se sentía ser parte de una naturaleza inversa, poblada de cruzadas mentales y cuentos sin final.

A veces siento que escribo con la imprecisión de un niño pateando por primera vez una pelota. Sin embargo, no existe sentimiento de fracaso en absoluto, pues la pelota ya se pateó y a partir de entonces sólo queda ser un niño más, un niño que entró en el grupo de "Los que patearon la pelota por primera vez".

Luego me decís que todo es una farsa y que la modestia no coincide con mi espíritu per sé. Y yo me río veinte veces y te repito que tenés una puntería infernal para sabotear pr…

Veías volar pájaros.

Imagen
El segundo café de una serie interminable de horas, que sabés que a medida que transcurren el río del tiempo van neutralizando su efecto para llegar, titubeantes, a envolverme de nuevo a mí. Soltás el humo que se mezcla con el naranja y el bordó de la tarde. 
Sé que los años pasaron y te llenaron de preguntas. 
Sé que esperaste al final de la brumosa encrucijada. 
Y que en parte el error fue mío por dejar pasar así el tiempo navegando mares en barcos que no llegaban a ningún lado.
Hoy me cuesta entender cómo es que no te conocí antes, sólo un poco antes, de que el mundo en sí explotara en mil pedazos y se hiciera chiquito. Muy chiquito.
Cómo no te conocí antes de que cambiara para siempre mi forma de ver la vida, la forma de escuchar las canciones, la forma de recordar, la forma de mirar y encontrar en tus ojos más que un humor acuoso de secretos, la forma de sentir que indefectiblemente hay caminos que se encuentran en algún punto para no borrar su huella al final de todos los tiempos, la…