sábado, 30 de septiembre de 2017

Como quien despierta.

Desintegrar el idilio,
aminorar el cosmos,
quizá embeberme de tu escarcha,
como quien despierta.

La tibieza que abraza la saliva,
el fuego,
zumbido cálido en oídos desgajados,
el paisaje de tus costados,
la mirada del confundido,
mirarte, mimarte,
como quien despierta.

¿Qué somos, animales?
No sé quiénes somos amor,
pero se siente hermoso,
mientras se invaginan tus labios,
en los míos,
esa música suena,
en la cabeza del tirano,
y me hace suave,
terso y suave,
como quien despierta.

El reflejo en fondo de cristal,
el escalofrío y la contracción,
besarnos en el medio mismo,
de la época del odio,
reírme,
esperé tanto, tanto, tanto,
estás debajo de las sábanas,
y ya te extraño,
girá, respirá,
humedecé cada parte de mí,
como quien despierta.

Que así me encuentre la muerte,
y quedate ahí, sí, ahí,
un poco más arriba,
y de pronto la colisión,
de cada maldita avenida de este mundo,
de cada maldito rincón donde estuve solo,
de cada puño, de cada herida, de cada violación,
de todo lo que alguna vez importó y ya no,
la colisión, la colisión, 
tan solo de tu piel y la mía,
lo que ella no entendió,
lo que él malinterpretó,
nada, nada, nada,
y un Big Bang,
desde una Les Paul,
EL SUEÑO ES DE QUIEN LO VIVE,
EL SUEÑO ES DE QUIEN LO VIVE,
y quiero repetirlo,
como quien despierta.

El azulado,
el rosado,
el magma, el magma,
en tu pecho,
el syrah, en tu aliento,
la pregunta, el cigarrillo,
el vapor,
Chet,
Chet,
Chet,
en la distancia,
la inexplicable sensación,
de ser rey de todo,
la realidad de cuatro paredes,
la habitación que rompió,
el letargo,
jugando al amor,
como quien despierta.

martes, 12 de septiembre de 2017

Faltas.

[Lindo,
Cada tanto,
quizá más de una vez,
en el día, 
vivir un rapto,
de felicidad]. 



lunes, 11 de septiembre de 2017

Hallarte.

Hay arte. Hay arte en las horas, en un café, en tu discurso, en tu mal humor, hay arte.

Hay arte en tus hábitos, en mis cigarrillos, en que te quedes esta noche acá, en tus secretos, hay arte.

Hay arte en tus pantalones, en mi silencio, en tu desconfianza, en tus textos, en mi frialdad, en las manos, hay arte.

Hay arte en mi estática, en tus movimientos, en tus personajes y papeles, en mi perfeccionismo, en desnudarnos, hay arte.

Hallarte entre las olas blancas.

Hay arte en tu cansancio.

Hallarme en la imperdonable vigilia de una mala noche y derrumbarme en vos, tirarme encima, cubrirte como el Vesubio, quedarme... dormido. 

En los principios, en el olor a lluvia, miel, primavera idiota y alérgica, hay arte.

En las despedidas, en la inminencia de una decepción, en un amor que siendo, no es. Hay arte.

Hallarte sabiendo que es pronto, derivándonos a la vida, enamorándote, en amor arte, y hay, sí, hay arte en cualquiera de las formas en las que hoy te pienso, cuando somos, cuando soy, cuando podemos ser.

Hay arte, en la geometría en la que te amo, en tus latidos cuando te toco, sangre, bronca y perdón.

Y perdón, por anticiparme a la sensación de extrañarte, a la sensación de imaginar este segmento de mundo, del mal clima en Beltrán, donde te fusionás con la furia de la multitud y el smog.

Hay arte en rendirse, en la falsa poesía, en los albores de la piedra que alguna vez latió, hay arte.

Hallarte cuando te hallé, perdiendo.

Hay arte en respirar, bien adentro.

Acaso también haya arte en darme cuenta que ya no hay arte entre los dos.

No hay arte en vos.
No hallarte en vos.
No hallarme.

Acaso chau, y gracias.





jueves, 31 de agosto de 2017

Give up the Ghost.

Tengo un recuerdo, quizá también tenga un dolor. Tengo un tiempo encerrado en un reloj que gira lento. Tengo el significado de una frase que escribiste y que seguro no supe interpretar. Tengo un silencio, tengo una voz, tengo tu voz, que cambia dentro del mundo que todos ven. El mundo en el que los cuerpos se descartan, todo lo que alguna vez fue, se articula en la casi divina segunda chance de volver a formar la unidad. Tengo tus poemas, tus canciones errantes, tus atajos, tus palabras generosas y las que el cuadrado del binomio del triángulo equilátero de Pitágoras no me supieron explicar. Tengo un sueño, un viaje pendiente, una parte de la ciudad que aún no he caminado. Tengo un péndulo que me conecta con vos, con tus espacios, con tus desplazamientos mentales, con tus días y tus soles. Tengo un cronómetro de lo que tardás en levantarte y darte cuenta que una vez más estás con los pies en la tierra y la cabeza en Plutón pero estamos vivos, estamos acá. Tengo una cerveza que me está matando a trompadas la cabeza y la alucinación de un comienzo que hace tiempo se postergó. Tengo un jodido lío en los cables de arriba, un bombo en la izquierda del pecho y un crash en los sentidos. Tengo lo que tiene la nada y estoy solo, me acuerdo de vos y estoy solo. Entonces...

El fantasma frenético,
busca volver a enamorarse,
y en su propio desvanecimiento,
quizá tan solo,
quizá a tan solo unos pasos,
su vida cambie para siempre,
pues se cansó de ser fantasma,
extrañando el calor de la sangre,
extrañándote a vos pero vos ya no sos sangre,
al menos no de mí.

Teniendo que dejar de ser tuyo para dejar de ser fantasma.
Ya morí muchas veces, y cada vez vuelvo a la vida pero con menos brillo.
Ya viví desde otra piel e imaginé mi mundo.
Te imaginé en mi mundo pero a vos te veía espectral, y no entendía por qué.
Ahora lo sé, el fantasma soy yo.

Franco el Fantasma.
Galle el Fantasma.

Cada vez más Fantasma y menos Franco.

Él ya no siente como antes lo templado de las catacumbas y a mí el frío me hiela.

Me encontré con mi fantasma en un espejo y lo hice trizas.

Se acabó el fantasma.




martes, 11 de julio de 2017

Resonancia.

Casi sin terminar, hoy el cuarto está frío, levantando tus cosas del piso. Como tu expresión cuando surcó el tiempo y se estrelló, suave pero contundente. Como todavía observando tu mirada en este páramo de sábanas y noches de insomnio. Como quien se apuró a tomar un camino, dejando todo a medias, dejando un olvido que por la noche quizá le llene a otro el pecho. ¿Cómo soy? ¿Quién me gustaría ser este día que vamos proyectados a la deriva? Como anclar el peso de mi espalda en tu boca. El peso de la derrota.

Intenté que no te dieras cuenta lo pesimista que fui cuando esta mañana el tren a Lucerna se adelantó siete minutos, y vos dormiste sobre mi hombro el resto del tiempo.

Como quien escapa de lo que anida tan dentro, el continuo sinsentido de descender a tu encuentro y ser calma. Después subir al tiempo que vos llegás y cómo miente, con sus jueguitos de noche que los trae bajo la insignia de hacerse el boludo pero alcanzando a ver todo.

Así vi como el alfarero te construía, a veces te daba forma y otras veces te dejaba hecho una bola de nada, aburridísima alimaña movida por la bronca y la alegría momentánea de olvidarte con un blend. Claustro de tiempo inextensible, amar sin desechar la esperanza de un alma o dos que son tuyas y mías.

La sonrisa más increíble, la vida tan pegada, los ojos más azules, la mirada más oscura.

Decime que todavía falta mucho para llegar.

Decime.

Vos decime... que no esperás la rabia de hoy para verificar que el silencio grita.

El silencio de esta condenada monotonía que es tu ausencia.

Somos estos marginados del fin del mundo, o así me siento, así te siento. ¿Cuánto más? Si alguna vez me vas a dar la identidad para al menos poder adivinarte casi de sorpresa. Somos iguales, nada más que vos odiás y yo clasifico. Las cosas no son simultáneamente ésto y lo opuesto.

Si pudiera entender tus razones quizá esta vez el café lo pagaría yo, y así alguien giraría la cuchara en el sentido contrario del remolino al que nos hemos acostumbrado, virando la verdad que cure esta inercia. Pero nuevamente regresa la palabra cuando hay tanto para decir y tan poco tiempo.

Ya se va, ya arrancó, ya está llegando.

Es ahora.


viernes, 26 de mayo de 2017

Verodiarte

Hoy la cualidad nos enmaraña, 
cuando no puedo ni siquiera odiarte,
sin verte.

Requiero cuidar,
lo que encandila de los dos,
por debajo del cielo raso.

Lentamente ascendiendo,
sobre las paredes,
un temblor,
desde tu cuello.

Manía ayer vino,
y se sirvió en la copa limpia,
ahora te veo un poco más acá.

Si te seguís moviendo así, 
como cosmo inestable,
con cadencia de fogón.

¿Qué va a ser de mí?
Si te seguís moviendo así,
cósmica inestable,
como lo que fue.

Si pudiera aún decirte,
que no es sin más el verodiarte,
el texto de un pasaje,
que se sintió.

¿Qué me venís a hablar de ayer?
si me odiaste y no me viste,
¿Por qué verme amar después?
si el silencio te enfermó.

Si la rabia hoy te hunde,
si extrañás estar así,
si no hay tiempo de remate,
todavía puedo ser yo.

Si me absorbe el temporal,
si la duda me reprime,
vos sabés sacar de acá,
de una mano lo mejor.

Como siempre el tiempo vuela,
en esta ciudad abismal,
viejo amor de las veredas,
hoy tampoco es para vos.


jueves, 25 de mayo de 2017

Yermo.

Voy y aprovecho ahora que las aguas están calmas, ahora que me sobrepasa este vivir de incógnito. Juego sobre la ola, así con los dedos, queriendo ser la ola y de la ola un pensamiento. Algo que brote del retoño, algo que sea idéntico a mí. Alguien como vos que sea idéntico a mí. Todo lo que es quiescente, que mantenga este estado de invisibilidad bajo las mascarillas de la isla de una habitación en mi memoria. Todo lo que ame más que la nostalgia, sentado tan lejos. Tan lejos de alguien que es idéntico a vos pero soy yo, con la diferencia de que las imágenes de una capital quejosa te cicatrizan el iris. Como si el tiempo no fuera un puente. Como si yo no quisiera hacer ese viaje al trance que ahora te raya verticalmente los sesos y te hace respirar hondo, soltar, respirar hondo nuevamente, soltar, hasta cubrirte otra vez de miedos. Hundirte en el pecho con aliento cálido o quedarte flotando donde se une mi cuello con mi hombro izquierdo... hasta que la lluvia siga mojando. Cubrirnos de mundo. Fotos del fin de semana que culminan con el perfume agrio de las despedidas.

Quisiera alguna vez una simpleza de tu alma significar algo tan frágil como la inercia de mover este cuerpo pesado y buscar con la verdad del idiota que soy romper esta coraza que hoy me encuentra lejos de vos, y extrañándote tanto. Hasta que el dolor se desdoble en libertad, y sea tu voz la que me despierte de este letargo infinito. Como un río que se abre y abraza al montículo, abrazándote a mi cintura siguiendo las líneas de este encuentro donde desaparecen las secuencias de recuerdos, y la tarde, y el feriado, y sin rumbo por Banbury Road me devuelvas a lo que fui, amando las partes que me forman, rompiendo las paredes de lo que necesito ser y no me dejo. Cayendo, lentamente cayendo a la idealización de tu recinto, de un alma tórpida del tiempo que se destroza en tu boca.

Es dulce la espera, tan dulce que ojalá estos rincones de reloj maten el tiempo perdido y la influencia del collage de vidas que nos sofocan. ¿Adónde te lleva este silencio? Si en su boca el mar es amargo ¿Cómo te satisface estancar? Varados en la orilla los que somos de mente abrumada y de medicado sentir.

Medicado sentir... que la ansiedad no se adueñe de todo lo que quisiera decirte mientras perdés el tiempo entre mis almohadas o mirándome con esos ojos que esperan la rabia de hoy.

(Que el reproche no se haga costumbre y que visites mi tristeza alguna vez)

Todo si bien tiene esta cualidad rítmica, lleva el tempo que cambia la fase. Una metamorfosis de lo inerte en vida pura, es casi melódico. Yo lo he escuchado, orquestal, pidiendo clemencia bajo un mezzoforte sexo. Quiere hacerte daño, quiero hacerte daño, uno hermoso, al menos así regar tus ojos yermos, al mismo tiempo que yo te rodearía con los brazos protegiéndote de las inclemencias de estos trenes mentales y peligrosos que en el traqueteo nos matan las palabras que no salen.

Sí, hacer del deseo un parámetro de lo que se está ausentando.

No, no me mires así, no sonrías entre almohadones, no me recrimines la falta de atención a tus contraluces, me vence, me deporta al vacío donde yacen los que difícilmente olvidan.

Y demora, demora la indignación.
Probablemente sea en este espacio-momento donde finalmente...

me pierda.