martes, 11 de julio de 2017

Resonancia.

Casi sin terminar, hoy el cuarto está frío, levantando tus cosas del piso. Como tu expresión cuando surcó el tiempo y se estrelló, suave pero contundente. Como todavía observando tu mirada en este páramo de sábanas y noches de insomnio. Como quien se apuró a tomar un camino, dejando todo a medias, dejando un olvido que por la noche quizá le llene a otro el pecho. ¿Cómo soy? ¿Quién me gustaría ser este día que vamos proyectados a la deriva? Como anclar el peso de mi espalda en tu boca. El peso de la derrota.

Intenté que no te dieras cuenta lo pesimista que fui cuando esta mañana el tren a Lucerna se adelantó siete minutos, y vos dormiste sobre mi hombro el resto del tiempo.

Como quien escapa de lo que anida tan dentro, el continuo sinsentido de descender a tu encuentro y ser calma. Después subir al tiempo que vos llegás y cómo miente, con sus jueguitos de noche que los trae bajo la insignia de hacerse el boludo pero alcanzando a ver todo.

Así vi como el alfarero te construía, a veces te daba forma y otras veces te dejaba hecho una bola de nada, aburridísima alimaña movida por la bronca y la alegría momentánea de olvidarte con un blend. Claustro de tiempo inextensible, amar sin desechar la esperanza de un alma o dos que son tuyas y mías.

La sonrisa más increíble, la vida tan pegada, los ojos más azules, la mirada más oscura.

Decime que todavía falta mucho para llegar.

Decime.

Vos decime... que no esperás la rabia de hoy para verificar que el silencio grita.

El silencio de esta condenada monotonía que es tu ausencia.

Somos estos marginados del fin del mundo, o así me siento, así te siento. ¿Cuánto más? Si alguna vez me vas a dar la identidad para al menos poder adivinarte casi de sorpresa. Somos iguales, nada más que vos odiás y yo clasifico. Las cosas no son simultáneamente ésto y lo opuesto.

Si pudiera entender tus razones quizá esta vez el café lo pagaría yo, y así alguien giraría la cuchara en el sentido contrario del remolino al que nos hemos acostumbrado, virando la verdad que cure esta inercia. Pero nuevamente regresa la palabra cuando hay tanto para decir y tan poco tiempo.

Ya se va, ya arrancó, ya está llegando.

Es ahora.


viernes, 26 de mayo de 2017

Verodiarte

Hoy la cualidad nos enmaraña, 
cuando no puedo ni siquiera odiarte,
sin verte.

Requiero cuidar,
lo que encandila de los dos,
por debajo del cielo raso.

Lentamente ascendiendo,
sobre las paredes,
un temblor,
desde tu cuello.

Manía ayer vino,
y se sirvió en la copa limpia,
ahora te veo un poco más acá.

Si te seguís moviendo así, 
como cosmo inestable,
con cadencia de fogón.

¿Qué va a ser de mí?
Si te seguís moviendo así,
cósmica inestable,
como lo que fue.

Si pudiera aún decirte,
que no es sin más el verodiarte,
el texto de un pasaje,
que se sintió.

¿Qué me venís a hablar de ayer?
si me odiaste y no me viste,
¿Por qué verme amar después?
si el silencio te enfermó.

Si la rabia hoy te hunde,
si extrañás estar así,
si no hay tiempo de remate,
todavía puedo ser yo.

Si me absorbe el temporal,
si la duda me reprime,
vos sabés sacar de acá,
de una mano lo mejor.

Como siempre el tiempo vuela,
en esta ciudad abismal,
viejo amor de las veredas,
hoy tampoco es para vos.


jueves, 25 de mayo de 2017

Yermo.

Voy y aprovecho ahora que las aguas están calmas, ahora que me sobrepasa este vivir de incógnito. Juego sobre la ola, así con los dedos, queriendo ser la ola y de la ola un pensamiento. Algo que brote del retoño, algo que sea idéntico a mí. Alguien como vos que sea idéntico a mí. Todo lo que es quiescente, que mantenga este estado de invisibilidad bajo las mascarillas de la isla de una habitación en mi memoria. Todo lo que ame más que la nostalgia, sentado tan lejos. Tan lejos de alguien que es idéntico a vos pero soy yo, con la diferencia de que las imágenes de una capital quejosa te cicatrizan el iris. Como si el tiempo no fuera un puente. Como si yo no quisiera hacer ese viaje al trance que ahora te raya verticalmente los sesos y te hace respirar hondo, soltar, respirar hondo nuevamente, soltar, hasta cubrirte otra vez de miedos. Hundirte en el pecho con aliento cálido o quedarte flotando donde se une mi cuello con mi hombro izquierdo... hasta que la lluvia siga mojando. Cubrirnos de mundo. Fotos del fin de semana que culminan con el perfume agrio de las despedidas.

Quisiera alguna vez una simpleza de tu alma significar algo tan frágil como la inercia de mover este cuerpo pesado y buscar con la verdad del idiota que soy romper esta coraza que hoy me encuentra lejos de vos, y extrañándote tanto. Hasta que el dolor se desdoble en libertad, y sea tu voz la que me despierte de este letargo infinito. Como un río que se abre y abraza al montículo, abrazándote a mi cintura siguiendo las líneas de este encuentro donde desaparecen las secuencias de recuerdos, y la tarde, y el feriado, y sin rumbo por Banbury Road me devuelvas a lo que fui, amando las partes que me forman, rompiendo las paredes de lo que necesito ser y no me dejo. Cayendo, lentamente cayendo a la idealización de tu recinto, de un alma tórpida del tiempo que se destroza en tu boca.

Es dulce la espera, tan dulce que ojalá estos rincones de reloj maten el tiempo perdido y la influencia del collage de vidas que nos sofocan. ¿Adónde te lleva este silencio? Si en su boca el mar es amargo ¿Cómo te satisface estancar? Varados en la orilla los que somos de mente abrumada y de medicado sentir.

Medicado sentir... que la ansiedad no se adueñe de todo lo que quisiera decirte mientras perdés el tiempo entre mis almohadas o mirándome con esos ojos que esperan la rabia de hoy.

(Que el reproche no se haga costumbre y que visites mi tristeza alguna vez)

Todo si bien tiene esta cualidad rítmica, lleva el tempo que cambia la fase. Una metamorfosis de lo inerte en vida pura, es casi melódico. Yo lo he escuchado, orquestal, pidiendo clemencia bajo un mezzoforte sexo. Quiere hacerte daño, quiero hacerte daño, uno hermoso, al menos así regar tus ojos yermos, al mismo tiempo que yo te rodearía con los brazos protegiéndote de las inclemencias de estos trenes mentales y peligrosos que en el traqueteo nos matan las palabras que no salen.

Sí, hacer del deseo un parámetro de lo que se está ausentando.

No, no me mires así, no sonrías entre almohadones, no me recrimines la falta de atención a tus contraluces, me vence, me deporta al vacío donde yacen los que difícilmente olvidan.

Y demora, demora la indignación.
Probablemente sea en este espacio-momento donde finalmente...

me pierda.

miércoles, 19 de abril de 2017

Celina

Conquistaste el amor, Celina. Ganaste y perdiste la sortija en los juegos del tiempo, y fue mediodía. Fue mediodía tu vida ahí. No me conociste Celina, pero acaso tu fugaz asistencia en ese pedazo de mi dimensión la cambie para siempre. Después te vi un largo rato mientras te sostenían en los brazos, te ponían un nombre, te enamorabas de la vida, y esquivando el fallido intento de comunicarnos con tu subclavia abriste las alas y renunciaste al dolor.

Renunciando al dolor ahí te vi, Celina, enamorándote de la vida.

Conquistaste el tiempo Celina, lo que pensaste ese momento. Y quizás lo viste a él esperándote al otro lado del velo con esa sonrisa que habías olvidado un poco y que descuidó tus fantasmas. A lo mejor hasta su abrazo fue cálido, viendo alguna que otra nieve y en una de esas sobreviviste al temblor.

Y yo acá Celina, atestiguando tus primeros pasos.
Y yo acá Celina, contando las veces que te rendiste, las veces que lloraste, la vez que te dijeron la verdad, cuando tu hija se tardó en llegar del colegio y esa Navidad en la que todo salió mal.
Cuando enfermaste yo no estuve ahí Celina, yo no estuve ahí, pero siento tu peso en mis hombros esta noche. Respiraste en soledad y meciste el olvido, te tapaste del frío con el negro nylon y nunca más te vi.

Conquistaste la distancia, Celina. Pendulaste en los bailes de la nostalgia y la pérdida.
Fuiste eterna, Celina, fuiste eterna en ese beso mortal. Al final del mediodía todos siguieron su camino y alcanzándolos a paso lento no te pude seguir.

Lo que amaste, lo que encontraste en este espacio de inmensidad. Aura de no volver, no sé si te diste cuenta que yo te sostenía el brazo. Sostuve tu brazo hasta el final, o al menos hasta algunos segundos antes.

Conquistaste el miedo, Celina. Me enseñaste a soltar.

Hoy sos foto sepia, un cuerpo de fugifilm que ya no duele.

Y yo no me olvido.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Hilacha.

Vuela y cómo decirte lo que hoy me pasa,
por la cabeza pasa un acoplado lleno de gestos tuyos,
y no sé qué estoy haciendo pero levantá los brazos, 
quiero ver el desierto y saltar al vacío con los pies y labios, 
y caminarte hasta ese valle en el abdomen, dejando vapor como migas en el camino de regreso a los ojos, 
ojos de lago,
raspándome los labios con tu empedrado de piel de gallina,
y con el agua y la sal me llevo tus miedos que tienen sabor a encierro, el que nadie te entiende excepto yo, con esa hermenéutica del cagón que hace años soy y que ha visto poco y nada.

Qué me importa lo que le quede al mundo si hoy por fin te tengo acá y es magia.

Extrañé ser parte de vos aunque no pueda ser libre,
ya no me importa,
no me importa,
no me importa.

Te quiero ver con cada puta voluntad que me queda, porque esto no es tenerte, aunque te tenga.

Extraño ser parte de vos y ya ser libre no me importa. 

lunes, 29 de agosto de 2016

Aunque todavía

Si estás ahí, un poco intentando estar en otro lugar, quedate porque te estoy viendo.
A lo mejor no tenés que moverte, a lo mejor es así como debes estar.
Mirá lo que sos, mirá que desordenados estamos, es evidente que hubo un aura y entendiste todo.
Mirá como te desabotono la camisa, lo blanda que se hace la pared cuando te aprisiono con mi pecho casi seguro de que vas a formar parte de la pintura, prensa de humanidad, y después el empujón suave para poder respirar y tomarte del mentón y acercarte de nuevo a mí porque quizás ahora dependa de tu boca para poder respirar.

Cómo piensan los años por uno, y ahora el agua está helada, me confié de estos calores precoces aunque me vine más por pelotudez que por anticiparme, pero en esta parte de la bahía no se junta tanta espuma entonces a veces las olas son un verdadero espejo y me está empezando a gustar. Que vos estés allá, punto infinito de la bruma, quedándote ahí parpadeando como un viejo faro. Me está empezando a gustar.

Esta indiferencia me es casi mentirosa, forzada.
Dos trompadas al espejo en una noche complicada.
Deslizarme entre las dos hojas de la pared que forman ese eje medio de río y me arrastran al suelo, con la cabeza entre las rodillas, y masajearme la nuca con las dos manos.
Suspiro.
Todavía me acuerdo, y tu olor anda por ahí, entre el cubrecama.

Hoy es como que me muero de ganas de escribir algo para que te llegue, para que te acuerdes de que tengo un blog, de cierto modo, sin que te lo diga porque ya me harté de decir.
Tengo tanto para contarte igual. Hay tanto que no entiendo.
Hablé de vos otra vez, después de tanto tiempo.
Y encima apareciste con gusto a café en la boca y sonrisa, y te fuiste así como llegaste.
Calentando el banco, preguntándome de mis días acá.
Sin vos.
Pero con vos.
Y me preguntaron si volví a sentir lo mismo cuando te vi.
Hoy, cuando te vi.
Estoy seguro que te diste cuenta.

Sos tan.
Que ya no sé quién sos.
Aunque todavía algo se pueda rescatar.

sábado, 14 de mayo de 2016

Voluntas ut ratio.

Época de niebla, qué lindo es curarme del olvido y volver a encontrarme una vez más. Una burbuja de mil cosas en la garganta que se licúa, se hace lágrima, se hace otoño. Se descama de la piel este recuerdo y se vuelve calle, se vuelve infancia. ¿Por qué tan lejos? ¿Y cuánto más para tu frío de nuevo quebrando mis pestañas?

Cuentos de ser desconocido, cuentos de hurgar en las costumbres de las siluetas no-mías y chocarme con vos en alguna intersección del microcentro. Rasgarte la espalda, cubrirte de mundo, quererte en el vaivén de los que quieren, sin dar explicaciones. Pero volver al otro día a ser este que estoy obstinado a ser siempre que vos navegás las hojas del perdido mapa, a la distancia. Y esta escama que se hace calle se aplana y yo corro, y corro y te beso al pasar, y vuelvo a creer que al menos por este segundo sos susceptible de pertenecer, quizás, a un rincón del mundo en donde todo se entiende mediante los labios. Y vuelvo a pensar que vos lo sabés pero te cuesta creer en este mundo que te mencioné tantas veces, aunque también buscás quererme en el vaivén de los que quieren.

Sucede que vengo escapando de una tormenta amor, y siempre hay cosas que van pegadas a las cotidianas amarguras y tiran de lo trágico con la modorra de los principios. Siempre te paralizó la primera vez, primeras veces de todo. Le das para adelante a pesar de que la correa te va dividiendo el hombro en un occidente y un oriente separados de celofán metálico rojo y brillante, río sangrante, que se escapa de algún sitio de tu rouge hasta allá abajo donde en algún cuello te olvidaste un charquito de perfume.  Se suma así otra noche en el ábaco y ya no me acuerdo cuántas veces me engañé con una piel y el lunar, como puerta infernal, que usás para enseñarme que no hay intimidad que haga del hombre un ser boludo, idiotizado, salvo cuando en realidad si lográs idiotizarme con tus pupilas cuando son de lago y no descansan.

Camino en la histeria estacional y me sopla el vendaval como si rasgara un bemol, acariciando el derrumbe de las viejas voces y las tejas magistrales, retintín de zonda. Sabiendo que ésta es la destrucción de los tipos como yo voy a verla, porque ella baila tan hermosa estos días y vos estás tan ausente. La conocí riendo, saltando los tronquitos que le dan ese envalentón de bosque a las acequias… ¿O serán los sauces? Lo cierto es que le puse un dedo sobre los labios y cerró los ojos, como hacías vos cuando dejábamos caer el peso de los dos sobre nuestras frentes. Después nos vimos bien mientras despertábamos, iniciando una conversación regida por el atropello de palabras, jadeando, tratando de recuperar los plenocuerpos nuestros que por las noches perdemos, o simplemente mío, cuando pasa la última ola de malbec por mi garganta y ella empieza a bailar sobre mi abdomen.


Sin embargo hoy, de lo único de lo que estoy seguro es que soy de tus muertes y tus sincericidios, quizás no tanto de los de ella, y que aún después de la silenciosa despedida me sirvió de algo tu presencia acá, en las cosas del día a día, en las siestas en las que vos y tus labios no eran más fuertes que alguna novedad manchada en el especiero. Es lo que uno evita en las infecciosas calles de las memorias, aunque nunca tanto como las canciones. Ayer me retumbaba el escarmiento de no asociar la música, cual llavero, a todos los espejismos tuyos en esta Mendoza tan confundida. Si tengo la suficiente expectativa de quemarme de valor para respirar hondo y sacar ese pasaje a la luna o a lo mejor solamente hasta la calle Pellegrini donde alguna vez te agarré la mano. El niño en el mundo niño, lo que fui, los domingos en lo de Claudia y cuánto tiempo hasta que te di ese beso corto con gusto a malvón. Y este Mayo la ciclopía del que se engaña a sí mismo puede tener las riendas del caudaloso acierto llegando a Paso de los Andes embistiéndote, y al embestirte limpiarte a la vez del mal humor con el que te he visto decirme las cosas más aterradoras de la mismísima existencia humana, como la de “justo estaba pensando en vos”.