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Resonancia.

Casi sin terminar, hoy el cuarto está frío, levantando tus cosas del piso. Como tu expresión cuando surcó el tiempo y se estrelló, suave pero contundente. Como todavía observando tu mirada en este páramo de sábanas y noches de insomnio. Como quien se apuró a tomar un camino, dejando todo a medias, dejando un olvido que por la noche quizá le llene a otro el pecho. ¿Cómo soy? ¿Quién me gustaría ser este día que vamos proyectados a la deriva? Como anclar el peso de mi espalda en tu boca. El peso de la derrota. Intenté que no te dieras cuenta lo pesimista que fui cuando esta mañana el tren a Lucerna se adelantó siete minutos, y vos dormiste sobre mi hombro el resto del tiempo. Como quien escapa de lo que anida tan dentro, el continuo sinsentido de descender a tu encuentro y ser calma. Después subir al tiempo que vos llegás y cómo miente, con sus jueguitos de noche que los trae bajo la insignia de hacerse el boludo pero alcanzando a ver todo. Así vi como el alfarero te construía, a ve...

Verodiarte

Hoy la cualidad nos enmaraña,  cuando no puedo ni siquiera odiarte, sin verte. Requiero cuidar, lo que encandila de los dos, por debajo del cielo raso. Lentamente ascendiendo, sobre las paredes, un temblor, desde tu cuello. Manía ayer vino, y se sirvió en la copa limpia, ahora te veo un poco más acá. Si te seguís moviendo así,  como cosmo inestable, con cadencia de fogón. ¿Qué va a ser de mí? Si te seguís moviendo así, cósmica inestable, como lo que fue. Si pudiera aún decirte, que no es sin más el verodiarte, el texto de un pasaje, que se sintió. ¿Qué me venís a hablar de ayer? si me odiaste y no me viste, ¿Por qué verme amar después? si el silencio te enfermó. Si la rabia hoy te hunde, si extrañás estar así, si no hay tiempo de remate, todavía puedo ser yo. Si me absorbe el temporal, si la duda me reprime, vos sabés sacar de acá, de una mano lo mejor. Como siempre el tiempo vuela, en esta ciudad abismal, viejo amor de las vered...

Yermo.

Voy y aprovecho ahora que las aguas están calmas, ahora que me sobrepasa este vivir de incógnito. Juego sobre la ola, así con los dedos, queriendo ser la ola y de la ola un pensamiento. Algo que brote del retoño, algo que sea idéntico a mí. Alguien como vos que sea idéntico a mí. Todo lo que es quiescente, que mantenga este estado de invisibilidad bajo las mascarillas de la isla de una habitación en mi memoria. Todo lo que ame más que la nostalgia, sentado tan lejos. Tan lejos de alguien que es idéntico a vos pero soy yo, con la diferencia de que las imágenes de una capital quejosa te cicatrizan el iris. Como si el tiempo no fuera un puente. Como si yo no quisiera hacer ese viaje al trance que ahora te raya verticalmente los sesos y te hace respirar hondo, soltar, respirar hondo nuevamente, soltar, hasta cubrirte otra vez de miedos. Hundirte en el pecho con aliento cálido o quedarte flotando donde se une mi cuello con mi hombro izquierdo... hasta que la lluvia siga mojando. Cubrirnos d...

Celina

Conquistaste el amor, Celina. Ganaste y perdiste la sortija en los juegos del tiempo, y fue mediodía. Fue mediodía tu vida ahí. No me conociste Celina, pero acaso tu fugaz asistencia en ese pedazo de mi dimensión la cambie para siempre. Después te vi un largo rato mientras te sostenían en los brazos, te ponían un nombre, te enamorabas de la vida, y esquivando el fallido intento de comunicarnos con tu subclavia abriste las alas y renunciaste al dolor. Renunciando al dolor ahí te vi, Celina, enamorándote de la vida. Conquistaste el tiempo Celina, lo que pensaste ese momento. Y quizás lo viste a él esperándote al otro lado del velo con esa sonrisa que habías olvidado un poco y que descuidó tus fantasmas. A lo mejor hasta su abrazo fue cálido, viendo alguna que otra nieve y en una de esas sobreviviste al temblor. Y yo acá Celina, atestiguando tus primeros pasos. Y yo acá Celina, contando las veces que te rendiste, las veces que lloraste, la vez que te dijeron la verdad, cuando tu hi...

Hilacha.

Vuela y cómo decirte lo que hoy me pasa, por la cabeza pasa un acoplado lleno de gestos tuyos, y no sé qué estoy haciendo pero levantá los brazos,  quiero ver el desierto y saltar al vacío con los pies y labios,  y caminarte hasta ese valle en el abdomen, dejando vapor como migas en el camino de regreso a los ojos,  ojos de lago, raspándome los labios con tu empedrado de piel de gallina, y con el agua y la sal me llevo tus miedos que tienen sabor a encierro, el que nadie te entiende excepto yo, con esa hermenéutica del cagón que hace años soy y que ha visto poco y nada. Qué me importa lo que le quede al mundo si hoy por fin te tengo acá y es magia. Extrañé ser parte de vos aunque no pueda ser libre, ya no me importa, no me importa, no me importa. Te quiero ver con cada puta voluntad que me queda, porque esto no es tenerte, aunque te tenga. Extraño ser parte de vos y ya ser libre no me importa. 

Aunque todavía

Si estás ahí, un poco intentando estar en otro lugar, quedate porque te estoy viendo. A lo mejor no tenés que moverte, a lo mejor es así como debes estar. Mirá lo que sos, mirá que desordenados estamos, es evidente que hubo un aura y entendiste todo. Mirá como te desabotono la camisa, lo blanda que se hace la pared cuando te aprisiono con mi pecho casi seguro de que vas a formar parte de la pintura, prensa de humanidad, y después el empujón suave para poder respirar y tomarte del mentón y acercarte de nuevo a mí porque quizás ahora dependa de tu boca para poder respirar. Cómo piensan los años por uno, y ahora el agua está helada, me confié de estos calores precoces aunque me vine más por pelotudez que por anticiparme, pero en esta parte de la bahía no se junta tanta espuma entonces a veces las olas son un verdadero espejo y me está empezando a gustar. Que vos estés allá, punto infinito de la bruma, quedándote ahí parpadeando como un viejo faro. Me está empezando a gustar. Esta i...

Voluntas ut ratio.

Época de niebla, qué lindo es curarme del olvido y volver a encontrarme una vez más. Una burbuja de mil cosas en la garganta que se licúa, se hace lágrima, se hace otoño. Se descama de la piel este recuerdo y se vuelve calle, se vuelve infancia. ¿Por qué tan lejos? ¿Y cuánto más para tu frío de nuevo quebrando mis pestañas? Cuentos de ser desconocido, cuentos de hurgar en las costumbres de las siluetas no-mías y chocarme con vos en alguna intersección del microcentro. Rasgarte la espalda, cubrirte de mundo, quererte en el vaivén de los que quieren, sin dar explicaciones. Pero volver al otro día a ser este que estoy obstinado a ser siempre que vos navegás las hojas del perdido mapa, a la distancia. Y esta escama que se hace calle se aplana y yo corro, y corro y te beso al pasar, y vuelvo a creer que al menos por este segundo sos susceptible de pertenecer, quizás, a un rincón del mundo en donde todo se entiende mediante los labios. Y vuelvo a pensar que vos lo sabés pero te cuesta c...