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Hay relojes.

Camino, hay relojes. Canto, hay relojes. Corro las cortinas, hay relojes. Me miro en la cerámica que distorsiona, hay relojes. Cierro los ojos, hay relojes. La eternidad acunada del péndulo en el cuadrante que viaja de Bahía Blanca a Temuco, pero en el micromundo del tiempo que va, que viene, va, viene, va, viene. Constante, hasta morir. Y aún ya muerto el inquilino, el que se hamaca sigue abanicando en soledad, terco, viendo como los días secan el algarrobo y le dejan el tiñe naranja tradicional. Pero volviendo a esto de cerrar los ojos y ver relojes, escucharlos masticar hambrientos, como si fueran el telón orquestal de una vida.  Vivimos entre relojes, y vivimos todo lo que ellos imperan. Por cada persona que nace a cada segundo se fabrica el doble de relojes, y sí, qué locura pensar que vamos a tener que mudarnos a otro planeta por quedarnos sin espacio. Una verdadera invasión... ¡DE RELOJES!

Quisiera.

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Si te vas a desarmar así, esperá que ponga mis brazos en tu cintura y trate de juntar las piezas. Las miradas en los extremos de un puente milimétrico y el río tibio, por debajo, a cada respiración un cauce mayor hasta casi ahogarnos de aliento. Qué tanto me dicen tus ojos esta noche, que nunca los vi tan lunares, pero hablando más que tu boca y acaso más honestos. Quisiera veas el mundo de la forma en la que yo lo veo hoy, tan lleno de vida, tan lleno de la emoción matinal de caminar del lado de los que la pelean. Quisiera veas el mundo para ser más increíble, vos y el mundo, amando y amando hasta morir. Quisiera me veas a mí en ese mundo. Quisiera me veas a mí en nuestro mundo, dejando de hibernar la angustia y saliendo a ser la única vos, otra vez con tu voz. Regando el jardín de gente infinito, en un viaje hacia la luz. "Extiende tus alas y encara hacia el mar, solo el cielo te acompañará, y es que no habrá un destino incierto, ni habrá distancia que pueda alejar...

Supersónicanoche.

Enhebrando la mañana al sol, dirás al fin llegó pero no, cruzás al mediodía estas nubes, almenando el celeste fugaz. Y el mármol está frío querida, como apoyando la cara en un cristal, y se va empañando la piedra blanca, oh, si pudiera dibujarte la forma en la que extrañamos los hombres. Te olvidaste de patear la silla y bien reíste, la ejecución se terminó, masticando la tierra nos observó un dios, asustado dios solar que vio el fin de un hombre. ¿Cómo poder hablarte en la supersónica noche? Si ahora estás y ayer no sé, me dijeron duende buscá en tu interior, pero con las manos no se limpia la sangre, no. Nena, tu interior tan sucio hoy, que pensás que tenés y no, porque sos cerradura sin llave y no ves, la llave la tenés vos. Soy yo en dios por no ser humano, una ovación de pie me espera en el olimpo Maga, y floté, la pócima de Dionisio tiene ese efecto de emulsión. Contra la pared un beso otra vez, el refugio de la tarde con perfume de azahar, blanco ...

Algo nuevo.

Era como si despacio se posara ese granito de luz en el fondo marino de tu iris, en esa parte de tus ojos el oscuro se anaranjaba e iluminaba lo que quedaba por encima, un degradé hermoso, un microfuego inextinguible, luminiscencia que me obligó a juntar los párpados, pero antes de hacerlo te la vi esbozar, ya no me la voy a olvidar... después de tanto tiempo... Amiga de los fríos,  trizando el hielo que me separa hoy de vos, con templado aliento, pero yendo en otra dirección, resquebrajando el escudo, que no me deja ser eterno, te dejo cuando empiezo a ser, al fin empiezo a ser...  algo nuevo.

A vos.

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Por fin rompiste la estática y te ofreciste por completo a la metamorfosis anecdótica de los tiempos que vas a ser. Te conocí entera cuando ya creía haberte conocido antes, y tengo que aceptar, me sorprendió la inmediatez en la cual apareciste. Una vez recuerdo haber escrito algo de un mundo que se hacía muy chiquito, casi limitado a las paredes de un cuarto que alguna vez había sido mío. Pues esa realidad, en ese exacto momento, no era mía. Tampoco tuya. No era de nadie. Porque los mundos en donde no hay certeza y solo hay humo son tóxicos. Estos mundos que uno cree conquistar y no van más allá de las ilusiones ópticas de la sustancia psíquica adictiva en la que se presenta el amor, pero no el amor amor, sino el amor que duele, el amor político de las promesas no cumplidas y las palabras poéticas que distan de perpetuar más allá del día y la neurosis momentánea. De creer con firmeza casi ciega que todo es parte de un plan maestro del destino para juntar a dos almas que en realidad se...

Under cover of darkness.

Mirá. Sentí. Somos niños del futuro y ya no hay necesidad de erradicar. Nada. Nadá. Que son simples cenizas que el viento se encarga de llevar. Tomaste mi mano y saltamos los dos. Y no nos perdimos en el abismo, ni nos venció el vértigo. Ahora en el fondo de todo nos miramos otra vez. De cerca. ¿Cómo es que me volaron otras primaveras? Que no fueron más que invierno. Si vos estás, siempre. Lo importante. Te he tenido, siempre. ¡Y ahora te veo! ¿Por qué te empujé tan lejos? Estos días no he sido yo. Pero me encontré nuevamente en vos. Y ya no pienso. Más que en esta fusión torbellino de palabras. Que se disfrazan de las que realmente quiero decir. Lo demás, no tiene sentido. Ahora, sos lo único real para mí.

Llano.

Mi bestia se hizo alma, se guardó en la cueva bajo la lluvia para no volver a salir. La piedra vibra del miedo, y vos, tu boca, cianótica, azul huida de gotas que se esconden bajo el alféizar como una estampida gélida que aborrece derretir. Las sombras del vals húmedo quedaron grabadas en la pintura fresca de las paredes, impregnadas, hasta el final del día. Yo en ese mundo de vos al resguardo cálido del algodón te vi mirar hacia el patio, con lágrimas y trémulos labios. No te puedo explicar el punto negro, final, imborrable, adentro de mí que punzaba lento y sádico. Pero la bestia se hizo alma otra vez, después de tantos días iracunda esperando una caída. Se escondió en la cueva, y volvió en mí lo "yo". Entonces te pregunté: - ¿Sos siempre así después del sexo? A veces me da un pavor terrible tocarte, esperando el inevitable desarme.  - No lo puedo evitar. Tampoco es que sea un roble.  - Mmm... No te conozco de otra forma. Pero, ¿Por qué? - ¿Por qué no me conocés de...