Niño de mí.
Deja ruinas en su paso por estas tardes de un ayer que ha desaparecido. Con besos ocasionales y alguna palabra de dolor, porque para enamorarse ya hay demasiada estupidez. ¿Qué sal es la que hoy trae el viento y arruina el estanque de donde siempre bebes promesas? ¿Qué agua es la que entró a tu garganta y sólo acondicionó más tu sed? Espinas de tu almohada se vuelven tersas, ya no hay nada que no te deje dormir. Siguen habiendo voces. Igual. Y no las podés callar. Negra bruma venís hoy a revolucionar los cuerpos que no dejan de brillar a contraluz. Bailan. Fuiste paloma y gusano a la vez. Necesito del mundo que me regrese los sueños del niño espantado tras la puerta, esperando tener la casa para él sólo y sentarse en las tejas del rojo cielo para entender por qué termina el amor. Niño ya te olvidé, niño vuelve a mí hoy y se hace más fuerte. Tanto tiempo pasó. Niño ya ves, todo sigue igual. Te mirás en el espejo y te ves. Luego de tantos años ves que todo es...