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Niño de mí.

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Deja ruinas en su paso por estas tardes de un ayer que ha desaparecido. Con besos ocasionales y alguna palabra de dolor, porque para enamorarse ya hay demasiada estupidez. ¿Qué sal es la que hoy trae el viento y arruina el estanque de donde siempre bebes promesas? ¿Qué agua es la que entró a tu garganta y sólo acondicionó más tu sed? Espinas de tu almohada se vuelven tersas, ya no hay nada que no te deje dormir. Siguen habiendo voces. Igual. Y no las podés callar.  Negra bruma venís hoy a revolucionar los cuerpos que no dejan de brillar a contraluz. Bailan. Fuiste paloma y gusano a la vez.  Necesito del mundo que me regrese los sueños del niño espantado tras la puerta, esperando tener la casa para él sólo y sentarse en las tejas del rojo cielo para entender por qué termina el amor. Niño ya te olvidé, niño vuelve a mí hoy y se hace más fuerte. Tanto tiempo pasó. Niño ya ves, todo sigue igual. Te mirás en el espejo y te ves. Luego de tantos años ves que todo es...

Monumento.

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Me desperté pensando que esta vez no vas a ser la misma que siempre sos en el comienzo de las cosas. Sobre todo en las cosas que alguna vez me nombraron o que sospechan con nombrar. Parecés traída de la reunión con un fantasma reiterativo que al fin encontraste. Algo frenada, como si los años de repente hubieran salido de su ensimismamiento y se hubieran puesto de acuerdo en llenar el vagón de tu cabeza en la próxima estación. Aturdida. Con ese martirio mental irrevocable de que de lo simple, es propio lo atemporal. El caos fue, quizás, que entre los años que se apuraron por llenar tu cabeza también se pudieron colar algunos míos. Ahora son casi diez años que se ligaron por decisión propia y no se saben despegar. O no quieren. O vos no querés. Te vi en la confusión general gozando de besar las dudas. Pero, ¿Para qué ser como todos, si podemos ser respuestas?  Casi como si no hubieran sido sólo un par de días colocaste tus ojos en la forma del encuentro después de una aletargada...

Un sólo pájaro volar.

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Un sólo pájaro volar, lo vi hacia el sur desconocido, y le presté mis alas de sal. Me sirve de placer, ¿O son ansias de libertad, que vienen a tomar carne muerta, para darme una ilusión? ¿Acaso sigo hablando sin razón? Aunque sé muy bien que ya no hay dudas, ¿Por qué siendo tan pájaro, seguís eligiendo caminar? No sé de respuestas que buscás, no sé del tacto del viento, rozando plumas en un caleidoscopio en movimiento, pero sí sé de migrar. ¿No es el pájaro más pájaro si se alza a las nubes por intuición? ¿No es el perro más perro si se come los huesos aunque no tengan sabor? ¿Qué es el hombre sino más hombre después de llorar por amor? Un sólo pájaro volar, lo vi con mis propios ojos, y le presté alas de sal, que la lluvia supo disolver. Se quedó sin su libertad, y aunque extraña el sur, vuelve al calor y al desierto, sin miedo a cambiar el vuelo, por unas piernas para el terreno, y una voz para cantar.

Constelación.

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No fue un juego tramposo del azar que la noche nos dejara destemplados, sentados a la orilla de un lago de oscuridad que espejaba con indiferencia unas veinte o treinta estrellas que aún se podían observar. Las conté y te dije que eran cuarenta y cinco, las contaste y me dijiste que eran menos. Las volví a contar. Evidentemente eran menos, pero suficientes para iluminar un dejo de necesidad en tus ojos que sólo duró unos segundos. Una necesidad inconclusa y corruptible como el silencio. Preferí callar.  Para asombro de los dos fuiste la primer palabra, y yo aún sin saber qué rol cumplías en el circo de verdades vencidas que levantabas como si fuera un estandarte de gloria. Sin conocerte entendí que habías perdido una guerra. - Vos sabés, siempre fui feliz en el humo y las puteadas. En la gente-termita. Me sentaba en el cordón, me fumaba un pucho y esperaba un rato que abrieran las oficinas. Ni te digo en verano. Era adictivo ver cómo las paredes y ventanas se derretían, y los a...

Faisán.

Se comenta por las calles que esta ciudad muerta se evapora hoy desde el centro. Entonces me gustaría llevarte antes a mi lugar, creo que nunca te lo mostré. No es el que le muestro a todo el mundo. Es mi verdadero lugar. El que sólo me conoce a mí pues no ha visto a nadie más, el que no da garantía de ser más que un espejismo. Pero al menos es mío. No como tus lugares, que están siempre tan abarrotados de ruido. Quizás el silencio del mío te aburra, y de nuevo me vuelve el miedo a no llenar tus expectativas.  Es simplemente un lugar. No conoce de pasiones, ni de amistad, ni de tristeza, ni siquiera sabe que es un lugar. Sólo me ha visto sentado muchas horas, pensando, quizás, o en blanco. Vacío de todo. Y tengo la seguridad de que me ha visto, porque a veces ha respirado junto a mí. Quizás algún día sea consciente de su función de lugar, y haga crecer pasto, flores y un estanque; para que la gente del mundo venga a sentarse. Pero parece que se ha enamorado de mí, pues sigue tan i...

Mar.

Volví a nuestro barco y no te voy a mentir, el sabor esta vez fue radicalmente distinto. Es decir, tuve que mirar a lo largo del linde de las escolleras y ver cómo las imágenes se iban plasmando en la piedra blanquecina, llevándome a la boca una saliva más amarga que el cacao. Es un martes gris de sol. El silencio retiene cualquier sonido excepto el de las olas ya calmadas de la noche que viajan a morir contra las rocas. Cada tanto el silencio ya no se puede contener y deja que alguna gaviota cante, o que algunos pocos pies hagan crujir suavemente la arena.  No fue en este barco en el que te ahogué. No. Este barco fue construido para las proposiciones, o para las soledades, o para sentarme con vos y llenarme las uñas de arena por dibujar mandalas absurdas y poco impresionantes.  Volví a nuestro barco y no te voy a mentir, todo olía a nosotros, todo cantaba nuestras canciones. Pero el sabor era distinto. Sí. Definitivamente era distinto. En aquellos días te quedabas en mis l...

Nómade.

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Soles confluyen y pintan el desierto piel. Las montañas se mueven frenéticas empapadas en sequía y viajan junto a mí. Lejos hay olor a tierra mojada. Lejos queda lo que el verano lloró. Siempre la sombra juega a las escondidas. Tan rodeados de sal no veo el momento que decías nunca haber vivido. El que te viviré yo. Para hacerte en risa el más bello recuerdo. Y brilla. Brilló. Dos granos de arena que chocan contra las piedras y ocupan espacios que no pueden verse sin ser arena. Escuchaba las horas del atardecer que decían contar secretos del mundo, mientras vos dormías en mi pecho buscando callar en sueños aquello que te hacía pensar. Nuestra ley. El peso del mañana. "Tal vez lo más suicida,  sea decirte la verdad, preferí callar, a esta hora de la vida es lo mejor. Llega la noche,  respiro libertad, respiro libertad, y no miento... Siento que pasan los días, y sigo adelante tracción a sangre, tras una melodía. Creo que te hice tan mía, ...